La osteoporosis es una enfermedad sistémica o generalizada, que afecta al  esqueleto, caracterizada por una disminución de la masa ósea (densidad del hueso) y un deterioro de la microarquitectura de los huesos. Como consecuencia de todo ello, se produce un aumento de la fragilidad de los mismos y, consecuentemente, del riesgo de sufrir fracturas. Esta patología es asintomática y puede pasar inadvertida durante muchos años hasta que finalmente se manifiesta con una fractura.

 

Según los datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER), se estima que la osteoporosis afecta a unos 75 millones de personas en Europa, Estados Unidos y Japón. Esta patología es mas frecuente en mujeres, aunque también pueden sufrirla los hombres, especialmente si tienen una edad avanzada. En el caso de España, se estima que dos millones de mujeres tienen osteoporosis significativa. De hecho, la prevalencia en la población postmenopáusica es del 25 por ciento, es decir, 1 de cada 4 mujeres tiene esta enfermedad que ocasiona unas 25.000 fracturas al año.

 

Alimentación inadecuada, edad avanzada e inmovilidad son los mayores aliados de la osteoporosis. Una actividad física adecuada y adaptada a cada paciente es esencial desde el punto de vista preventivo y terapéutico. Decenas de estudios científicos han demostrado la importancia de esta correcta actividad física para mejorar la densidad del hueso. El estimulo mecánico sobre el hueso lo protege de la osteoporosis (Se ha comprobado, por ejemplo, que los deportistas tienen un nivel de calcio en los huesos mayor que el resto de la población). Con el ejercicio físico se consigue un incremento en la mineralización y densidad del hueso así como una disminución significativa en la probabilidad de sufrir una fractura. El tratamiento farmacológico es también importante, principalmente en las formas más graves de la enfermedad.

 

Es fundamental programar un entrenamiento orientado a mejorar el BMD (“bone mass density”, o densidad de la masa ósea), sobre todo de los miembros inferiores y del raquis, que son las zonas mas afectadas por la osteoporosis. La pérdida de masa ósea que aparece en la edad avanzada está directamente relacionada con la diminución de la fuerza en los músculos paravertebrales que sujetan la columna vertebral. Dicho de otra forma, la atrofia de la musculatura paravertebral es uno de los factores que contribuye a la osteoporosis. La masa muscular influye directamente sobre la masa ósea a través del estimulo que el musculo ejerce en el tejido óseo. Numerosos estudios demuestran como, en caso de pérdida de fuerza en los músculos extensores de la columna, aumenta el riesgo de compresión y fracturas vertebrales y la generación de elevadas tensiones en el interior de los discos intervertebrales.

 

¿Cómo se puede actuar para prevenir estos problemas?

  1. Programar el entrenamiento ajustándolo al nivel óseo de cada paciente: tipo de ejercicio, número de repeticiones, frecuencia e intensidad.
  2. Para obtener el máximo beneficio, la actividad física tiene que producir un estrés y una activación del tejido óseo. Progresivamente se va produciendo una adaptación a la carga aplicada (proceso de supercompensación), aumentando así la densidad y la resistencia del hueso. Por tanto, debemos diseñar la actividad física de tal manera que nos aproximemos al límite de carga de cada paciente, para así conseguir la máxima supercompensación, sin superarlo en ningún caso, para evitar lesiones.
  3. Los ejercicios tienen que ser variados y multidireccionales, para forzar una mayor capacidad de adaptación.
  4. Obtendremos mejores resultados entrenando con intensidad alta y volumen relativamente bajo.
  5. Si no pudiésemos trabajar con intensidades altas, lo mejor es buscar la adaptación con ejercicios cardiovasculares que incrementen la frecuencia cardíaca, consiguiéndose así un mayor efecto osteogénico.

 

Todo lo anterior podemos resumirlo en el siguiente planteamiento: La actividad física, orientada a la prevención de la osteoporosis debería incluir dos modalidades de entrenamiento.

  • Entrenamiento JRF (joint reaction forces): protocolos de ejercicios orientados a ejercitar la estructura esquelética articular a través de la contracción muscular periférica (musculo-tendinosa).
  • GRF (ground reaction forces) ejercicios donde actúa fundamentalmente la fuerza de la gravedad, como saltos, step o caminar. El mayor beneficio es el aumento de mineralización de los huesos, evidenciado sobre todo en la región del fémur y cadera, justo donde el osteoporosis tiene una afectación máxima en la gran mayoría de los casos clínicos.

 

Por último, hay que tener siempre presente que cuando se realiza una actividad física con personas mayores pueden surgir complicaciones debido a la incorrecta ejecución técnica o a la mala postura durante el esfuerzo, mas que a la intensidad o al volumen de los ejercicios. Es fundamental, para evitar daños innecesarios, ponerse en las manos de personal cualificado.

 

IDEAS CLAVE PARA RECORDAR:

  • La osteoporosis es un problema muy frecuente, especialmente en mujeres de edad avanzada.
  • La actividad física es fundamental desde el punto de vista preventivo y como tratamiento.
  • Es aconsejable ponerse en manos de un especialista que oriente y dirija esa actividad física:  Hay que insistir en todos aquellos ejercicios que contribuyen en mayor medida a incrementar la masa ósea; ajustar el ejercicio a la situación de cada paciente para mejorar el rendimiento y evitar lesiones; diseñar programas variados y multidireccionales.

 

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